Decíamos ayer que el Barcelona podía y debía marcar en Francia y lo hizo, si bien el guión del partido fue algo distinto al esperado. El Lyon salió con la lección aprendida y tapó a Xavi. Sin timón, el equipo de Guardiola tocó sin sentido, a la espera de que Messi solucionara el embrollo. Desde el empate, sólo existió un equipo.
Gol de Juninho. Golazo mitad genialidad mitad ingenuidad de Valdés. El brasileño lanza las faltas como nadie y la parábola que hizo el balón superó al portero de La Masía. El Lyon apretaba y el Barcelona se veía desarbolado por los veloces contragolpes franceses. El equipo de Guardiola tocaba sin profundidad y, presa de la incomodidad, confundía roles. Yayá Touré encaraba en banda como si de un extremo se tratase. Pérdida de balón y ocasión malograda por un Benzema muy individualista(antes había disparado al palo, eso sí) que no quiso soltar el balón. La posesión blaugrana era muy plana, y pese a irse al vestuario con el 63% de posesión, sólo Etoo inquietó con un tiro a la madera.
En la segunda parte cambió el guión. El conjunto francés no era el del inicio, quiza víctima del cansancio, y el Barça supo madurar el partido. Es curioso que el F.C.Barcelona sacara tanto partido de las jugadas a balón parado, especialidad de un equipo francés que había renunciado ya al balón y salía cada vez con menos peligro. En un córner, Piqué puso el aviso, y en el siguiente, Márquez prolongó al segundo palo donde apareció Henry. Ya lo dijo Paco González: “¿Henry está jugando?”. Como siempre, el simpático gafe de la Ser acertó. Una más para Nostrapacus.
El gol hizo mucho daño al Lyon, que le perdió la cara al partido y fue manejado al antojo de un Barcelona venido a más. El marcador no se movería, pero sí la sensación de superioridad, que se desplazó al lado blaugrana. Buen resultado para afrontar una vuelta que se antoja apasionante.
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