Etiquetas
Davidenko, Djokovic, Federer, Masters Londres, Nadal, Tenis, Torneo de Maestros, Verdasco
Hace mucho que no hablo con vosotros de tenis y ya va siendo hora. No hace tanto que escribí un artículo comentando que Nadal no me daba buenas vibraciones desde que volvió de su lesión, y sigo con lo mismo. No hay pruebas de que el manacorí esté tocado, y poner la excusa de que ha estado dos meses fuera del circuito me parece un poco mundana. Estamos hablando de dos meses, no de dos años, y de un profesional que debería volver a su nivel sin tantos problemas.
Ayer, El País publicó un artículo muy bueno sobre el Masters y Rafa Nadal, y yo me lanzo a lo mismo siendo un poco más pretencioso. Las declaraciones de Rafa son las siguientes: “Me falta un pelín de confianza y autoconvencimiento”; “habrá un día eque no tendré la opción de ganar porque habré tenido más problemas o porque mi cabeza se habrá parado. Ese día cogeré mi raqueta, la colgaré y me iré a pescar, esperemos que no sea pronto”. Estoy haciendo un muy buen trabajo. Necesito un poco más de confianza. Tarde o temprano volverá. Me falta un pelín del autoconvencimiento de cuando las cosas van rodadas. Es un golpe de suerte: ganas y…todo cambia. Espero que pase en la final de la Davis. Si sigo así, volveré a ganar”.
La última frase es la que me preocupa, ya que parece autodescartarse para el torneo de Maestros, cosa un poco rara en Nadal. Lo cierto es que Rafa lleva seis meses sin ganar a ninguno de los tenistas que tiene enfrente en este campeonato, y parece que la mente de Nadal no era tan sobrehumana después de todo. Ha empezado a sentirse inferior y por eso habla de falta de confianza. Lo que ocurre es que antes saltaba a la pista sabiendo que iba a ganar el partido y ahora sale a la espectativa. No suelta el brazo como lo hacía antes y la bola le queda demasiadas veces en la media pista, esa distancia en la que los verdaderos ases de la raqueta no le perdonan. Por eso no les gana.
De hecho, Rafa no solo pierde con los buenos. Jugadores como Almagro y Robredo, a los que se ventilaba con una facilidad pasmosa antes de su parón, le han tenido contra las cuerdas. Su saque ha cambiado y no para bien. Su tío ha dejado de acompañarle en determinados torneos y su familia se haya en unas turbulencias que solo Rafa conoce. Demasiadas cosas en tan poco tiempo. Demasiados cambios para un jugador metódico hasta el infinito. Nadal necesita los calcetines a la misma altura, las botellas perfectamente alineadas, los rituales del saque y quién sabe cuantas cosas más para mantener la concentración. Así se aisla de anteriores lagunas mentales deportivas, pero las extradeportivas no se arreglan del mismo modo. Esas van con uno al partido y están ahí hasta que termina.
Bajón de respeto
Muchos eran los que estaban con la pistola cargada esperando un solo fallo de Nadal para disparar. Algunos porque estaban cansados de verle levantar trofeos y otros, sus rivales, porque han visto una oportunidad única para quitarse de enmedio a un jugador diferente. Dice Davidenko que Nadal ha perdido su físico y tiene parte de razón. Puede parecer una estupidez cuando es posible que muchos de los mejores golpes que uno recuerda se los hayamos visto a él, pero es verdad. En el tenis, la técnica es lo más importante, no en vano se invierten horas y horas en enseñar al jugador a estar preparado a la hora de golpear la pelota. La flexión de brazos, de rodillas, la distancia a la bola…todo cuenta. Cuando juegas a ese nivel, una décima de segundo puede ser suficiente para llegar a colocarte antes de golpear o tener que conformarte con pasarla. Eso le está pasando a Nadal. No se le ven golpes tan espectaculares porque le cuesta mucho llegar con la anticipación que lo hacía.
En cualquier caso los resultados de final de año no son para nada despreciables. Aparece casi por sistema en las semifinales de los torneos, donde, ahí sí, se rinde ante la evidencia de que no está para mayores hazañas. Pero estamos ante el torneo de Maestros, un torneo especial que se caracteriza por las sorpresas. ¿Por qué no?