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Nole Djokovic impuso en Roma su inercia victoriosa ante Nadal. Nuestro Rafa, bloqueado mentalmente ante la que es su nueva bestia negra, fue incapaz de mantenerse en el partido cuando éste se puso caliente, por más que en el resto del encuentro mantuviera más que dignamente el fuego cruzado con el serbio.

La victoria de Roma no es una victoria cualquiera. No puede serlo. Se produce en -quizá- la plaza más propicia para Rafael Nadal, sin la altura de Madrid o la animadversión de París. Sin embargo, el de ayer era un enemigo mucho más fiero que unos pocos gritos o unos cuantos metros. Enfrente estaba el jugador perfecto en 2011, que llega a Roland Garros sin conocer la derrota, y Nadal no pudo con esa barrera mental.

Y digo mental porque en lo tenístico el partido estuvo igualado. Es cierto que Djokovic soltó el brazo de lo lindo y que la gran mayoría de los puntos los decidía él, para bien o para mal. Pero también hay que reconocer que Nadal estuvo ayer más cerca. Fue capaz de sostener mucho mejor los peloteos, y sólo le es reprochable su manía por levantar la bola en exceso en algunas fases del partido. Varió mucho más la zona de golpeo, buscando también la derecha de Nole, y la táctica le sirvió para tener más opciones de las que dice el marcador.

El Pasabolas

No me gustan los foros de Marca y demás periódicos. Normalmente son un foco de comentarios poco inteligentes que tienen más que ver con la simpatía que con lo que realmente pasa.

En esos foros, un número enorme de gente se dedica a llamar pasabolas a Nadal, amparándose supongo en que no tiene un juego tan agresivo como puede ser el sus máximos rivales. Nadal no revienta cada bola, sino que mastica el punto. Sólo suelta la derecha ganadora cuando es clara y suele forzar errores en la zona de revés del rival. Táctica al poder. Sin embargo, que ese estilo de juego enmascare todo el talento que tiene, me parece una visión demasiado reduccionista. Para mí, Nadal es brutal.