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Jugaba el Madrid de baloncesto ayer, lo que equivale a decir que los amantes del baloncesto podíamos disfrutar de Rudy Fernández. Hacía tiempo que la sección menos noble del Madrid no tenía un referente al que agarrarse de esta manera, al más puro estilo Navarro. Ya era hora.

El baloncesto es un deporte bastante matemático. Rara vez gana un equipo inferior. Hay sorpresas, como en todo, pero se cumplen los favoritismos con mucha frecuencia. Y hacía mucho que el Madrid no estaba a la altura de los más grandes.

El salto de calidad se llama Rudy, por mucho que en la ACB le obliguen a lucir también Fernández en la camiseta. Rudy es de esos jugadores capaces de ganar un partido por sí mismos, pero además aporta en todos las facetas. Defiende, roba, rebotea, tira, penetra…lo tiene todo. En América no es feliz porque no puede exhibir su talento, pero ha bastado un mes en Europa para que volvamos a ver su mejor versión. Rudy, permitidme la licencia, no tiene nada que envidiar a Navarro.

Mención merece Laso. No tiene el cartel de Messina, Obradovic, y muchos otros, pero basta ver lo que le echa de menos su ex-equipo (Lagun Aro San Sebastián, 4 derrotas) para comprender que se trata de un gran gestor. En el Madrid tiene un arsenal interminable al que ayer se unió Ibaka, que por dos meses será la pieza que encaje todo el puzzle. Al Madrid le faltaba peso en la pintura para pelear con los grandes. Ibaka lo da.

El problema del Real Madrid tiene nombre americano: lockout. El parón de la NBA no será eterno, y con él se irán sus dos figuras. Habrá un antes y un después para el Real Madrid. Rudy pondrá rumbo a Dallas para enrolarse en el campeón e Ibaka volverá a Oklahoma para escudar a Durant y ser aspirante a todo. El Madrid tendrá un agujero considerable y los roles cambiarán. Carroll será entonces el faro.

El Barça, entre tanto, no ha pescado en la NBA. Mantiene el núcleo duro al que ha añadido piezas de calidad como Eidson y Huertas. El futuro, si hay NBA, es suyo.

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