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Por fin. Casi un año ha tardado el Real Madrid en poder saborear las mieles del liderato liguero. El Barça primero y un arranque casi perfecto del Levante después mantuvieron al Madrid alejado del puesto de honor. Demasiado tiempo once meses como para que a los jugadores no les creara cierta ansiedad.

Ser lider a estas alturas no garantiza nada, que diría el otro. Puede, pero siempre es buen síntoma coger el timón de la liga y verlo todo desde arriba. Da tranquilidad y genera confianza.

El Madrid ha cambiado. No tanto como nos venden, pero ha cambiado. Se han generado automatismos entre los jugadores y el circular del balón ya no es tan casual. Los blancos han mejorado su capacidad para mandar en los partidos y, por tanto, el rival tiene muchas dudas. ¿Dejarse dominar y aguantar un partido entero con Ronaldo, Kaká, Benzema y Özil rondando su área? ¿Salir y dejar espacios? Desde luego a la contra el Madrid es el mejor equipo del mundo, por lo que es un suicidio salvo que seas el Barcelona y juegues a tener el 70% de posesión.

El caso es que Mou ha conseguido enchufar a todos. Quizá el que ande más perdido sea Özil, pero no es algo que deba preocupar. El alemán es intermitente y a buen seguro que pronto suelta un gran partido. El problema es que ahora tiene las prisas de que Kaká ha mejorado y Di María está en estado de gracia. Gran gestión la de Mou con el argentino, que se le había subido a la chepa y ahora está como un tiro en una versión asistente que ni él mismo conocía.

La pregunta es hasta dónde llegará el Madrid. Nadie lo sabe, pero Mou ya se atreve a sacar pecho y afirmar que este equipo es mejor que el del año pasado. Busca más arriba al rival, se asocia mejor, y sigue teniendo una pegada terrible. ¿Si servirá para ganar algo grande? Es posible.

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