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Bielsa es un tipo diferente. Ni mejor ni peor, diferente. Capaz de ver 97 videos  (42 en 2 ocasiones) del Athletic nada más proclamarse Urrutia vencedor, su adoración por el fútbol y por la perfección le han llevado a las más curiosas situaciones. Bielsa es, sin duda, uno de los mayores personajes que copan nuestro fútbol.

Imaginad que en el próximo partido Iker Casillas empieza a tirar fuera todos los saques de portería. Que, uno detrás de otro, cada saque de puerta termina en saque de banda contrario. El público, harto de la incapacidad de Iker, comenzaría entonces a silbar al arquero. Pues con Bielsa hasta eso puede llegar a ser diferente. El loco, cuando aún daba sus primeros pasitos como entrenador de Newell´s, ordenó que su guardameta lanzara el balón fuera a propósito. Decía que así su equipo recuperaría antes la pelota.

No es la única ni mi intención es relatar la vida y milagros de Bielsa, sino trasladar la idea de que se trata de un personaje especial. El loco, ese entrenador que se llevó 7.000 videos a Corea y Japón y que mandó equipar su furgoneta con un reproductor de video, es ahora el mister del Athletic. Su filosofía de cantera le avala para la aventura. No en vano ya recorrió Argentina contratando jóvenes promesas. ¿El método? Recorrer los pueblos preguntando por “el bueno del lugar”. Así fichó a Pochetinno, por poner un ejemplo.

A mi esta clase de enfermos del fútbol me generan simpatía. Más allá de los resultados, se ve una filosofía de juego y un amor hacia su trabajo más allá de lo normal. Y eso cala en los jugadores, que siempre comentan las grandísimas bondades de haber estado a sus órdenes. De hecho, es algo que a día de hoy solo provocan Mourinho y él.

Bielsa, en una arenga: “En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre”.