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Ricky Rubio es uno de los rookies de moda en la NBA. Tanto que alguno ya se ha apresurado a calificar su progresión como la más interesante de cuantos debutan esta temporada. Misma presión, distinto nombre. Esta vez los hombros que la recogerán son los de Rubio (Rubio rookie del año, Rubio rookie con mayor progresión a 5 años).
No hace tanto que leía a Ricky alegrarse de haber emprendido la aventura americana. “Aquí nadie me para, tengo tranquilidad para jugar”. Se acabó de un plumazo, cuando la informática estilográfica de alguno de los analistas de la NBA decidió señalarle con el dedo. La culpa, probablemente, la tenga este Alley-Oop sobre su compañero de equipo -y también rookie-. Jugada número 4.
Los números de Ricky son cristalinos, sin querer siquiera llevar a engaño. Cada temporada se engordaba más su burbuja sin que el rendimiento pudiera acompañar tal movimiento. Sus últimas estadísticas en España reflejan unos datos que no invitan precisamente a las afirmaciones que desde EEUU llegan estos días: 5 puntos y 4 asistencias de media. 38% en tiros de dos, 26% en triples (siendo justos tiene muchos partidos con 0/1 que le lastran la estadística).
¿Es de recibo tanta expectación? Sinceramente no lo creo. Ricky, Rubio para los americanos, necesita que le dejen en paz; olvidarse de lo que le rodea y dedicarse sólamente en tener la mente fresca para dibujar esos pases de fantasía que sólo él puede lograr. En eso sí podemos esperar que Ricky mejore con compañeros tan atléticos. En el resto, como en el anuncio de Scheweppes, podemos engañarnos si nos ciega el pensamiento.
Os invito a usar el hagstag #esperodericky para analizar lo que puede ser su temporada.