Iker-Casillas-Xavi-Hernandez_MDSIMA20120905_0169_4

España quedó fuera ayer del Mundial de Brasil. Lo hizo con el estrépito de quien cae desde la mayor altura que ningún combinado nacional hubiese alcanzado jamás. España era la perfección y dormía cama a cama con la gloria. España era invencible.

Desde ayer ya no lo es. O, más bien, desde que el viernes pasado el combinado `oranje´ sembrara tantas dudas en nuestro equipo como para borrar de un plumazo años y años de manual es estilo. España entró en el descanso de su partido contra Holanda siendo una, y salió siendo la sombra de su propia sombra. Irreconocible y apática, nuestra selección fue apagándose como lo hace los cuerpos viejos a los que ya solo el alma conecta con este mundo. Todos mirábamos el televisor atónitos, esperando un pase filtrado de INIESTA, un conejo saliendo de la chistera de Silva, o una arrancada gloriosa de Diego Costa. Nada de eso compareció tras el descanso de Holanda. 135 minutos de tortura que jamás de los jamases borrarán más de 2190 días de la más plena felicidad futbolera. 6 años de éxitos, de tiki-taca, de romper defensas y maravillar al mundo. 6 años de victorias y más victorias. De ganar, y ganar, y volver a ganar. De sembrar una impotencia fuera cual fuera el rival digna de todo análisis y estudio. 6 años de admiración del mundo que no se nos olvidarán jamás.

Suele decirse que las victorias tienen muchos padres, y que solo hay uno en la derrota. Este no será el caso. Según a quién preguntes, su criterio disparará sin perdón a una u otra cabeza de turco. Te hablará de la edad de Xavi, Xabi y Casillas. Te dirá que Del Bosque no dio pie con bola. Gritará el nombre de Iniesta en vano. Reclamará galones para Koke. Y, por qué no, clamará al cielo por los que no han ido.

Todo argumento es válido, y posiblemente todos tengan su cuota de razón para, combinados, dar con la receta de lo que ha pasado en Brasil a una selección que -recordémoslo- un año antes saliera como finalista de la Confederaciones derrotando a Uruguay y, sobre todo, a la Italia que tanto suena hoy.

No seré yo quien critique a Del Bosque. Yo hubiera hecho lo mismo. Igual que haría lo mismo si fuese seleccionador de baloncesto y tuviera la duda de si Navarro está o no en óptimas condiciones. Ante la duda, recurriría al soldado que ha demostrado su valía en miles de campos de batalla, en miles de horas de servicio a una causa que tanta alegría ha dado. España juega en Septiembre el mundial de baloncesto en casa. ¿Sabéis quién va? La generación de oro. Un día fallarán, y no debemos lamentar que hayan ido ellos, sino que se nos acaba otra generación irrepetible.

Puede que Vicente Del Bosque haya pecado de eso, llevando a demasiada vaca sagrada. Pero solo él ha entrenado a ese grupo y por tanto sólo él está en condición de saberlo. Yo, como digo, hubiera hecho una selección muy parecida.

Tampoco seré yo quien diga que algunos están acabados. Un mal año no es sinónimo de ello, por más que así nos lo quieran vender. ¿Cuántos futbolistas están a un nivel increible a los 34 años? ¿Habéis visto a Pirlo?

Dicho todo esto, quiero dejar también un mensaje a los que están vetando todo tipo de crítica a la selección. Cierto es que nos han dado 6 años de alegrías, pero también que se les ha reconocido más que a nadie. Hay que saber aceptar la crítica, siempre que ésta sea fundada y constructiva. Por poner un ejemplo, si yo voy a comprar naranjas a una frutería que siempre me las da buenísimas, pero un día me las vende podridas, lo normal es que vuelva y le diga al vendedor “oiga señor, esta vez se ha equivocado usted”. Eso no quiere decir que vaya a dejar de comprar en esa tienda, puesto que sé que su fruta es estupenda. Siguiendo con la comparativa, criticar los fallos de Casillas no es ser menos español, sino decirle a Iker “oiga señor, esta vez se ha equivocado usted”, para después seguir a su lado parada tras parada.

Acabo la reflexión como la empecé. Alabando a un equipo que ha sido maravilloso, con sus virtudes y sus defectos, y recordándole a la diosa fortuna que tras este mundial tenemos el bonus en positivo. En estos torneos la suerte juega un papel muy decisivo y, por qué no decirlo, la hemos tenido toda en contra.

Anuncios